Ahí, entre la nada y menos que la nada.
Ahí te vi. Ahí estabas vos.
Yo te miraba, desde afuera, decepcionada,
incapaz de sonreírte una vez más,
incapaz de quererte tan siquiera un poco.
Incapaz de reconocer alguno de tus rasgos,
alguna de tus facciones.
Incapaz de afirmar que yo conocía a ese alguien
que estaba ahí, [vos]
entre la nada y menos que la nada.
martes, 30 de noviembre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
Y no
Está cansada.
Sola.
Desesperada.
Quiere llorar.
Quiere correr.
Bajar los brazos.
Quiere parar.
Está cansada y quiere parar.
viernes, 10 de septiembre de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
sábado, 7 de agosto de 2010
Hoy
Se ríe porque necesita que todo parezca mejor de lo que realmente está.
Se ríe porque no quiere que la vean llorar,
porque no quiere que sepan que cuando está sola se cae,
y no aguanta más.
Que se desarma y llora como nadie la vió llorar.
Y aunque le cueste hasta sonreir,
se ríe y se va a seguir riendo..
Pero no es fuerte ni se ríe por ella.
Se ríe y es fuerte por todos, menos por ella.
Se ríe porque no quiere que la vean llorar,
porque no quiere que sepan que cuando está sola se cae,
y no aguanta más.
Que se desarma y llora como nadie la vió llorar.
Y aunque le cueste hasta sonreir,
se ríe y se va a seguir riendo..
Pero no es fuerte ni se ríe por ella.
Se ríe y es fuerte por todos, menos por ella.
sábado, 29 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
Sin vos, con vos
Si pudiera llevarte conmigo
aunque sea tan solo esta noche;
si pudieras olvidarte de todo
lo que dije alguna vez.
Si me dieras la oportunidad de irme lejos
y llevarte conmigo.
Irme a cualquier parte,
pero con vos.
aunque sea tan solo esta noche;
si pudieras olvidarte de todo
lo que dije alguna vez.
Si me dieras la oportunidad de irme lejos
y llevarte conmigo.
Irme a cualquier parte,
pero con vos.
Conmigo
Que me des la mano si me caigo.
Que me des un empujón si ves que no quiero seguir
Que te sientes a esperar conmigo
si me quedo sin voz
y sin fuerzas
para explicar qué me pasa.
Que me des un empujón si ves que no quiero seguir
Que te sientes a esperar conmigo
si me quedo sin voz
y sin fuerzas
para explicar qué me pasa.
jueves, 6 de mayo de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
martes, 20 de abril de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
Era tiempo
jueves, 18 de marzo de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
Volvía a casa.
No quería que se hiciera tarde.
Anduve despacio, torpe;
como recién salida de un trance;
un pie pidiéndole permiso al otro para avanzar.
Como si recien aprendiera a dar mis primeros pasos.
Como si fuera la primera y última vez que caminaba aquellas veredas.
Miraba todo, observaba.
Cada línea de las baldosas,
cada árbol, cada hoja, cada casa.
Cada persona.
Como si nunca hubiese visto nada semejante.
Como si fuera a morir mañana.
Tenía la sensación de que nadie podía verme,
que nadie podía escucharme.
Era mutuo.
Esa tarde, para mi solo existía el mundo,
y para el mundo, solo existía yo.
No quería que se hiciera tarde.
Anduve despacio, torpe;
como recién salida de un trance;
un pie pidiéndole permiso al otro para avanzar.
Como si recien aprendiera a dar mis primeros pasos.
Como si fuera la primera y última vez que caminaba aquellas veredas.
Miraba todo, observaba.
Cada línea de las baldosas,
cada árbol, cada hoja, cada casa.
Cada persona.
Como si nunca hubiese visto nada semejante.
Como si fuera a morir mañana.
Tenía la sensación de que nadie podía verme,
que nadie podía escucharme.
Era mutuo.
Esa tarde, para mi solo existía el mundo,
y para el mundo, solo existía yo.
¿Matar el tiempo o disfrutar la vida?
Hoy pasé alrededor 30 minutos parada en una esquina
haciendo poco más que matar el tiempo.
O disfrutar la vida.
Se me hicieron eternos.
Empecé observando a cada auto que pasaba.
A algunos les llamó la atención mi presencia.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
No llegué a contar hasta cinco.
El quinto no podía prestarme atención; estaba demasiado ocupado.
Venía hablando por teléfono.
Me sacó las ganas. Dejè de contar.
Entonces miré la vereda de enfrente y a los que pasaban caminando por ahí.
Las caras, los gestos.
La forma de moverse.
Si arrastraban los pies, si sonreían,
si por esas casualidades alguno estaba pensando de la misma forma en que yo lo hacía.
Pero me distraje después de haberme golpeado la cabeza contra la pared
y sentir un dolor que se extendió desde la nuca hasta la parte inferior de la mandíbula.
Ya lo había sentido antes.
Incluso unas horas atrás en las que hasta me habia asustado un poco.
Pero esta vez me quede pensando en la sensación que me produjo el golpe,
en por qué me dolía tanto.
Pensé en que podía desmayarme camino a casa;
Y hasta diría que exageré un poco pensando en que podría llegar a morirme.
Pero no me asusté.
Recién senti que el corazón se me salía cuando alguien me llamó a lo lejos
y me dijo "Todavía estás acá, pendeja"
Salí de mi nube de cristal por un segundo para tranquilizarme, sonreir y decirle
" ¡Me asustaste! Y si, todavía estoy aca".
Me saludó. Se fue.
Me quedé pensando.
Si, todavía estaba ahí,
mirando todo como si fuera la primera vez que salía a la calle.
La primera y la última.
De repente se acercaron dos chicos a la esquina andando en bicicleta.
Un nene y una nena.
El nene, no tendría más de 10 años;
y se parecía mucho a Lautaro,
me hubiese gustado mucho que fuera él y me reconociera.
Pero no era Lauti. Y aunque así fuera, no iba a saber quién soy.
Pasaron 6 años.
Despues de pensar en Lauti pensé en los "amores imposibles".
Ese amor que tienen los chicos.
Desinteresado.
Todo ternura, cariño y gracia solo porque sí.
Solo porque sos parte de su vida.
Pensé simplemente en el amor.
En lo simple y complicado que puede ser.
Seguí pensando.
Pensé tantas, tantas cosas que quise correr a pedir lapiz y papel para escribir.
Pero no podía.
No podía ni quería moverme de ahí,
salir de ese estado de paz.
Sabía que de todas formas no podría recordar ni describir
la mitad de las cosas que sentí y se cruzaron por mi cabeza en esos eternos 30 minutos.
Además, me gustaba así.
Sin buscar palabras para explicar las sensaciones,
sin intentar retener y recordar todas y cada una de mis ideas.
Las palabras podían esperar.
Porque las palabras se las dejo a los que no pueden sentir como yo sentí esta tarde.
Porque la vida es más linda cuando simplemente se siente.
Porque es mas linda cuando simplemente se disfruta.
Y yo la estaba disfrutando.
haciendo poco más que matar el tiempo.
O disfrutar la vida.
Se me hicieron eternos.
Empecé observando a cada auto que pasaba.
A algunos les llamó la atención mi presencia.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
No llegué a contar hasta cinco.
El quinto no podía prestarme atención; estaba demasiado ocupado.
Venía hablando por teléfono.
Me sacó las ganas. Dejè de contar.
Entonces miré la vereda de enfrente y a los que pasaban caminando por ahí.
Las caras, los gestos.
La forma de moverse.
Si arrastraban los pies, si sonreían,
si por esas casualidades alguno estaba pensando de la misma forma en que yo lo hacía.
Pero me distraje después de haberme golpeado la cabeza contra la pared
y sentir un dolor que se extendió desde la nuca hasta la parte inferior de la mandíbula.
Ya lo había sentido antes.
Incluso unas horas atrás en las que hasta me habia asustado un poco.
Pero esta vez me quede pensando en la sensación que me produjo el golpe,
en por qué me dolía tanto.
Pensé en que podía desmayarme camino a casa;
Y hasta diría que exageré un poco pensando en que podría llegar a morirme.
Pero no me asusté.
Recién senti que el corazón se me salía cuando alguien me llamó a lo lejos
y me dijo "Todavía estás acá, pendeja"
Salí de mi nube de cristal por un segundo para tranquilizarme, sonreir y decirle
" ¡Me asustaste! Y si, todavía estoy aca".
Me saludó. Se fue.
Me quedé pensando.
Si, todavía estaba ahí,
mirando todo como si fuera la primera vez que salía a la calle.
La primera y la última.
De repente se acercaron dos chicos a la esquina andando en bicicleta.
Un nene y una nena.
El nene, no tendría más de 10 años;
y se parecía mucho a Lautaro,
me hubiese gustado mucho que fuera él y me reconociera.
Pero no era Lauti. Y aunque así fuera, no iba a saber quién soy.
Pasaron 6 años.
Despues de pensar en Lauti pensé en los "amores imposibles".
Ese amor que tienen los chicos.
Desinteresado.
Todo ternura, cariño y gracia solo porque sí.
Solo porque sos parte de su vida.
Pensé simplemente en el amor.
En lo simple y complicado que puede ser.
Seguí pensando.
Pensé tantas, tantas cosas que quise correr a pedir lapiz y papel para escribir.
Pero no podía.
No podía ni quería moverme de ahí,
salir de ese estado de paz.
Sabía que de todas formas no podría recordar ni describir
la mitad de las cosas que sentí y se cruzaron por mi cabeza en esos eternos 30 minutos.
Además, me gustaba así.
Sin buscar palabras para explicar las sensaciones,
sin intentar retener y recordar todas y cada una de mis ideas.
Las palabras podían esperar.
Porque las palabras se las dejo a los que no pueden sentir como yo sentí esta tarde.
Porque la vida es más linda cuando simplemente se siente.
Porque es mas linda cuando simplemente se disfruta.
Y yo la estaba disfrutando.
domingo, 31 de enero de 2010
Historias de ficción
Ya la vida le sabía a nada y su existencia se reducía a cuatro paredes, cubiertas de humedad y libros, que compartía pura y exclusivamente con su soledad.
Su historia y sus recuerdos eran parte de un pasado que apenas podía y quería recordar.
Había cambiado su piel y su alma por la de tantos otros personajes de alguna novela que ya no se reconocía en el espejo.
Aquel espejo en el cual había observado su imagen infinitas veces,
aquel espejo frente al cual se había arreglado para salir algùn tiempo atrás.
Aquel espejo cuyo reflejo no era más que el de un extraño.
Recoraba haberlo visto antes;
un hombre solitario al que los años lo habían jugado una mala pasada.
Un hombre de ojos tristes y mirada cansada,
con un corazón débil y lleno de reproches;
un hombre con la esperanza gastada
que todavía relee sus viejos libros deseando robarles un instante de felicidad;
aquella felicidad que le habían traído cuando todavía creía en la existencia de aquel sentimiento frágil.
Cuando todavía no estaba cansado de la vida.
Cuando todavía no estaba cansado de soñar.
Un hombre que mucho y nada tenía que ver con sus personajes de ficción.
Un hombre que lo había perdido todo [hasta las ganas]
y cuya historia no tendría un final feliz.
Su historia y sus recuerdos eran parte de un pasado que apenas podía y quería recordar.
Había cambiado su piel y su alma por la de tantos otros personajes de alguna novela que ya no se reconocía en el espejo.
Aquel espejo en el cual había observado su imagen infinitas veces,
aquel espejo frente al cual se había arreglado para salir algùn tiempo atrás.
Aquel espejo cuyo reflejo no era más que el de un extraño.
Recoraba haberlo visto antes;
un hombre solitario al que los años lo habían jugado una mala pasada.
Un hombre de ojos tristes y mirada cansada,
con un corazón débil y lleno de reproches;
un hombre con la esperanza gastada
que todavía relee sus viejos libros deseando robarles un instante de felicidad;
aquella felicidad que le habían traído cuando todavía creía en la existencia de aquel sentimiento frágil.
Cuando todavía no estaba cansado de la vida.
Cuando todavía no estaba cansado de soñar.
Un hombre que mucho y nada tenía que ver con sus personajes de ficción.
Un hombre que lo había perdido todo [hasta las ganas]
y cuya historia no tendría un final feliz.
jueves, 28 de enero de 2010
Cuántas veces

A veces [solo a veces] recuerda quién es,
y otras veces [con más frecuencia]
prefiere seguir soñando,
viviendo una historia que pasó,
un pasado que se fue.
Ella ya no llora;
pero tampoco es feliz.
Tiene el alma cansada
y la mirada más triste que se ha visto jamás;
una risa contagiosa que se oye de vez en cuando
y una sonrisa desganada.
Y es que a veces,
todavía recuerda quién es.
y otras veces [con más frecuencia]
prefiere seguir soñando,
viviendo una historia que pasó,
un pasado que se fue.
Ella ya no llora;
pero tampoco es feliz.
Tiene el alma cansada
y la mirada más triste que se ha visto jamás;
una risa contagiosa que se oye de vez en cuando
y una sonrisa desganada.
Y es que a veces,
todavía recuerda quién es.
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